Cuando el feminismo se apoderó de la semana de la moda de Nueva York

Se respira un aire de mal humor. Quizá pueda achacarse al tiempo, pero en realidad se debe a que, políticamente, todo es absolutamente inestable en estos momentos. Es difícil animarse cuando solo vemos noticias que alimentan nuestra ansiedad. La gente está nerviosa, triste e irritada, y con razón. Las preguntas «¿Cómo han tejido eso?», «¿De dónde viene la tela?» o «¿Estará disponible esa ropa después de que se apliquen los aranceles?» se vuelven existenciales.

Parece como si los diseñadores también se sintieran así; ha habido varias colecciones que han ido a lo seguro, centradas en lo ponible por encima del escapismo. Y eso no tiene nada de malo. Pero el lado positivo reside en el hecho de que esta temporada ha habido muchas celebraciones de la mujer y de las personas que se identifican con ella de diversas formas, ya sea a través de la propia ropa, del lema ‘destruye el patriarcado’ o de los nombramientos de dos importantes directores creativos.

Veronica Leoni se convirtió en la primera mujer en dirigir Calvin Klein, y Frances Howie tomó las riendas de Fforme, una empresa fundada y dirigida por mujeres. A la cabeza de la semana estuvo el esperado regreso de Christopher John Rogers en la pasarela, que trató, sobre la búsqueda del estilo personal y la fuerza femenina.

Hillary Taymour dio en el clavo con una gran colección titulada Fempire. Como escribió en la nota de prensa de su show: «Imagina un mundo en el que la feminidad rebelde, la homosexualidad y la discapacidad no se combatan, sino que se acojan con entusiasmo. Donde lo que se ha descartado como excesivo o inadecuado para la corriente dominante es exactamente lo que da forma al futuro». Este sentimiento se materializó en prendas femeninas extravagantes y exageradas, como un abrigo de pana con capucha y estampado de margaritas, vestidos con volantes y pantalones cargo de terciopelo.

Las modelos, algunas con trajes sueltos de satén y otras con minifaldas con volantes y drapeados, reflejaron la femineidad de Taymour saltando y contoneándose por la pasarela. Un par de mujeres vestidas de novia se besaron ante las cámaras. Los abrigos a medida de Taymour fueron fantásticos esta temporada. En general, la colección fue una evasión muy divertida y necesaria, pero también un mensaje serio de Taymour.

Durante el espectáculo, sonó una banda sonora original con versiones de Enya y Destiny’s Child y letras personalizadas en las que se hacía hincapié en temas sociales como el cuidado del medio ambiente. Por otra parte, se instaló una guardería improvisada justo al lado del show, un lugar para que los hijos de los miembros de su equipo se reunieran y jugaran. Taymour es una profesional a la hora de transmitir un mensaje político contundente y, al mismo tiempo, mantener un tono ligero y optimista. Sus espectáculos son memorables, las canciones son pegadizas y la ropa siempre es la más estilosa de la sala.

En los desfiles de Brandon Maxwell y Sergio Hudson se respiraba otro tipo de frescura. Maxwell mostró fantásticas americanas de cuadros, chaquetas de cuero para motoristas y camisas oversize abotonadas. También destacaron las prendas de punto, como los jerséis gruesos y las intensas prendas confeccionadas con la ayuda del diseñador Ryan Roche. Mientras las modelos recorrían el espacio de la galería donde se celebraba el desfile, uno podía imaginarse a cualquiera de ellas haciendo una gran venta ese día y saliendo a algún sitio fabuloso para celebrarlo después del trabajo.

La ropa deportiva americana de Hudson era un homenaje más literal, aunque no por ello dejaba de ser una colección igual de poderosa. Esta temporada, el diseñador jugó con ideas clásicas como los trajes de raya diplomática de tres piezas, los conjuntos de tweed y las camisas y corbatas de seda en sensuales tonos joya. Las fans de Hudson siempre están en primera fila en sus desfiles, acudiendo y mostrando sus looks más glamurosos, peinadas y maquilladas a la perfección. Se trata de un diseñador que cuenta con una clientela sólida y que se viste con sus prendas a diario, diseñando colecciones para una mujer que sabe lo que vale y mucho más.

Una fuerza similar se vio en Khaite, sobre todo en el gran denim que abrió el desfile y en las chaquetas de cuero perfectamente confeccionadas que se ceñían justo en la parte inferior de la espalda para dar algo de volumen. Estas prendas están pensadas para mujeres poderosas dispuestas a gastar en lujo, un concepto que Anna Sui también exploró, aunque tomado directamente de la gran pantalla. Su desfile en el National Arts Club fue de lo más divertido que puede haber en la Semana de la Moda de Nueva York, con Debbie Harry y Sofia Coppola sentadas en primera fila.

Inspirándose en Barbara Hutton, Peggy Guggenheim y Doris Duke, entre otras leyendas, Sui quiso evocar una especie de glamour desenfadado con capas de tejidos y mucha bisutería. Tituló la colección Madcap Heiress (Heredera desquiciada) y señaló durante un preestreno unos días antes del desfile que le «encantaban las historias detrás de todas estas mujeres que cayeron en estas fabulosas fortunas y acabaron gastando todo su dinero en hombres, joyas y arte». Si estas excéntricas siguieran existiendo, se lo pasarían en grande con los conjuntos de cuadros de Sui, los abrigos forrados de piel sintética y los vestidos de seda planchada. Refiriéndose a sus musas, Sui también dijo: «Me encanta que vivieron su vida como querían«.

El diseñador Jonathan Cohen también se fijó en sus musas esta temporada: mujeres de su comunidad que le inspiran, como Julie Gilhart, Sally Singer, Marina Larroude y su propia madre. Cuando Cohen empezó a investigar sobre la colección, observaba una famosa imagen de Muhammed Ali durante un combate, distraído por la imagen de Elizabeth Taylor. A partir de ahí, Cohen integró huevos de Pascua que hacían guiños a la imagen y a Liz. Se diseñó un jacquard de leopardo con una imagen ampliada de los ojos de Taylor, y los estampados florales recordaban a su colección de gardenias de porcelana. La colección era exuberante, con muchos estampados y colores llamativos como el amarillo y el verde esmeralda. Cuando salía de la presentación, Cohen me hizo a un lado para que conociera a su madre. Tenía un aspecto increíble y le pedí que me enseñara dónde estaba su foto. Señaló con orgullo, radiante.

Cohen quiso recordarnos el poder intrínseco que las mujeres poseemos en nuestras vidas y lo valioso que puede ser hoy en día. Colleen Allen tenía una visión especialmente interesante de esa posición, con espectaculares prendas de inspiración victoriana que incluían plumíferos de terciopelo en un intenso azul con polisones desmontables en la cadera. También había un vestido con mangas casquillo en tonos celestes que se ceñía al cuerpo con una construcción de lo más especial. Una de las principales referencias de Allen esta temporada fue una fotografía de la diseñadora Vivienne Westwood en la que aparecía vestida al estilo militar para reunirse con la reina Isabel II. La irreverencia y la rebeldía estaban presentes en las camisas recortadas, el vestido negro transparente con frunces en el corpiño y, por supuesto, en su nueva «mercancía», como ella misma la llamó: una serie de camisetas estampadas con las palabras ‘witch club’ (club de brujas). En el preestreno, Allen explicó que ella y sus amigas celebran ‘reuniones del club de brujas’ en el norte del estado de Nueva York, una especie de asamblea centrada en las mujeres para pasar un momento juntas y quizá también para lanzar algunos hechizos.

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